dimecres, 8 d’octubre del 2008

Federico García Lorca canta. Miguel Hernández grita. Federico, detrás de su piano; Miguel, en la barricada y en la trinchera. La poesía que huye de la guerra, la poesía que espanta y hace huir la guerra y se escucha por encima del fusil. Federico dibuja y Miguel aprende a leer y ya es la voz de todo el pueblo. Miguel dibuja un rayo que no cesa y Federico aprende a ser la voz de un pueblo.